Sky Wonderland regresó a casa con el peso de otra expulsión universitaria a cuestas, la tercera en su historial. Al cruzar la puerta, se topó con la mirada desaprobadora de su padrastro, quien, con los brazos cruzados, no ocultaba su frustración ante el nuevo fracaso académico de la joven. Le exigió respuestas claras: si no iba a seguir estudiando, tendría que buscar un trabajo y asumir responsabilidades. Pero ella, con esa actitud desafiante que la caracterizaba, esquivó el sermón. Apenas había llegado, y lo último que quería era lidiar con preguntas serias. Con un brillo provocador en los ojos, Sky confesó que necesitaba algo más urgente para despejar la mente: una verga que la ayudara a olvidar el caos. Había dejado atrás viejos hábitos para calmar su ansiedad, y ahora, según ella, nada la relajaba más que una buena sesión oral.
El padrastro, atónito ante la crudeza de sus palabras, intentó mantener la compostura, pero Sky no dio tregua. Con una mezcla de descaro y seducción, insistió en que chupar su verga sería la solución perfecta para ordenar sus pensamientos y, tal vez, empezar a pensar en su futuro. Aunque al principio él se resistió, la desesperación por encauzar a la joven lo llevó a ceder. Lo que comenzó como una discusión terminó en una sesión de sexo desenfrenado, con Sky Wonderland entregándose por completo, explorando cada rincón de su deseo con una intensidad que no dejó lugar a dudas. Desde una garganta profunda hasta un encuentro cargado de lujuria, ella demostró que, al menos en eso, no tenía rival.
